Se desmorona la farsa chavista

EDITORIAL

Se veía venir. La desastrosa gestión del autoritarismo chavista ha empujado al Gobierno Venezolano a decretar, a punta de bayoneta, tres tipos de cambio para la moneda.

Ello ha causado una devaluación del 64%, que afecta sobre todo a los más pobres, quienes este año sufrirán una inflación de por lo menos 50% en su poder adquisitivo. A ello se suman, por si fuera poco, las agudas restricciones en los servicios de agua y energía eléctrica, que son realmente inusitadas y paradójicas en una potencia petrolera regional como Venezuela.

¿Qué está pasando? Lo que, en el fondo, se está demostrando son dos cosas: por un lado, la inviabilidad y el fracaso del modelo socialista, estatista y populista, lleno de contradicciones y que finalmente solo responde a los caprichos del autócrata Hugo Chávez. Venezuela, que en el discurso ataca continuamente al Gobierno Estadounidense, le vende anualmente petróleo por una envidiable suma que supera los 40 mil millones de dólares, lo que, como puede verse, no le asegura desarrollo ni estabilidad económica.

Del otro lado, está la vocación autoritaria y continuista de Chávez, que se niega a dejar el poder. Según los analistas, decidió devaluar la moneda también con propósitos políticos, para disponer de millones de bolívares en el año electoral, pero sin dar otras medidas complementarias como exigiría un manejo responsable e integral de política económica.

En Venezuela existen ahora tres tipos de cambio: uno aplicable a alimentos (2,60 bolívares por dólar), otro para importaciones y otros productos (4,30 bolívares por dólar), y el del mercado negro (más de 6 bolívares por dólar), lo que es un desastre anunciado.

Los peruanos ya hemos vivido una experiencia similar, en la segunda mitad de la década del 80, cuando el gobierno de entonces decretó arbitrariamente el control de cambios y de precios. Ello provocó una espiral imparable de inflación y corrupción, cuya factura tuvimos que pagar con sangre, sudor y lágrimas en los años 90, con un “paquetazo” que el primer ministro de entonces lanzó con un discurso que terminó con la inolvidable frase “¡Que Dios nos ayude!”.

Lamentablemente, algunos países y muchos políticos no aprendieron la lección. La heterodoxia y el intervencionismo económico solo fuerzan y ahogan el mercado que finalmente impone sus leyes basadas en la libertad y la competencia. Y si a la estatización de bancos y empresas y la ineficiente gestión de recursos se agrega la represión política de un régimen intolerante que ataca a la oposición y pisotea la libertad de prensa, pues podemos decir que en Venezuela se ha encendido la luz roja.

Por ahora, los únicos beneficiados son los allegados al Gobierno y al partido oficialista, que viven de gollerías y prebendas. El resto, los venezolanos de a pie y de clase media, se debate en la incertidumbre de no saber qué pasará mañana, por culpa de un régimen caudillista que ha probado su total incompetencia para gobernar y que, de haber elecciones limpias, debería ser castigado y reemplazado por los ciudadanos.

Los latinoamericanos, y los peruanos en particular, debemos permanecer alertas y rechazar estos excesos, más aun cuando es conocido el ánimo expansionista del autócrata Chávez, quien ya pretendió intervenir en las elecciones pasadas en nuestro país.

Ya sabemos adonde lleva el “bolivarianismo chavista”, basado en el estatismo populista, el rechazo a la inversión privada y el atornillamiento en el poder: a la pobreza, la represión y la afectación de la libertad y el sistema democrático.

El Comercio / 13-01-2010

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Las peligrosas angustias de Chávez

Durante los primeros años de su ya bastante largo mandato, Hugo Chávez parecía un perro que ladraba y no mordía, pues era mucho más lo que amenazaba que lo que cumplía. Pero, a lo largo del 2008 y el 2009, pasó del dicho al hecho en numerosos campos. Sus agresiones a los medios de comunicación, antes solo verbales, se hicieron realidad. Expropiar a empresas privadas nacionales y extranjeras, que era el garrote que más blandía, se convirtió en el garrote que más golpea, como lo demuestra la reciente toma del Hilton de isla Margarita y decenas de medidas similares en meses recientes. Su revolución estatista -que no socialista porque en nada ha reducido la pobreza-, que fue apenas de discurso, se volvió de pronto realidad.

Los exportadores colombianos sufren ahora en carne propia el paso de Chávez de las palabras a la acción. Tras muchos meses de amenazas, se hace realidad el cierre de la frontera a cientos de productos colombianos. En el primer semestre de este año, las ventas nacionales a Venezuela mantuvieron un ritmo razonable a pesar de la crisis económica mundial, que también golpea al vecino. Pero en el segundo semestre, todos los analistas coinciden en que el desplome ya es grande, con un enorme costo en ingresos y en empleos.

Debil y agresivo

¿A qué se debe que Chávez haya pasado de la sola verborrea a los hechos? No es que haya leído más textos marxistas en los meses recientes. Tampoco que un nuevo círculo de asesores de corte leninista haya llegado a su gobierno. La agresividad de Chávez tiene que ver, sobre todo, con su debilidad. En el mismo período en que le ha propinado a la sociedad de mercado y al libre comercio un zarpazo tras otro, los ingresos por las exportaciones de petróleo, gran pilar de su economía, se han reducido de modo importante. Y eso que los precios internacionales siguen arriba.

La principal razón es que, cuando Chávez intervino PDVSA y descabezó a la élite técnica que por décadas la había manejado con bastante competencia, la empresa estatal vio caer su producción y nunca volvió a recuperarse. De los 3,3 millones de barriles diarios que Venezuela producía en el 2002, ahora apenas produce 2,2 millones, y eso ha golpeado severamente sus arcas. Por eso, le hacen falta dólares para pagar las importaciones, y, por ejemplo, los empresarios colombianos que venden a Venezuela, pasan meses, cuando no años, a la espera de que el Cadivi, la entidad que maneja los dólares, autorice los giros que les tiene pendientes.

Sin Alternativas

Esto ha significado también un debilitamiento de Chávez frente a Estados Unidos. A principios de la década, el 17 por ciento del petróleo que consumía el Tío Sam provenía de Venezuela. Ahora ese indicador ha caído al 9 por ciento y puede seguir reduciéndose: es política del gobierno de Barack Obama seguir sustituyendo las importaciones de Venezuela, por petróleo de Canadá, México y Arabia Saudita.

Para Chávez no es fácil reemplazar las ventas a Estados Unidos, país al que hoy destina el 74 por ciento de su petróleo. Como el crudo venezolano es tan pesado, no es fácil conseguir refinerías diferentes a las que allá, en el imperio que él tanto insulta, procesan el petróleo venezolano desde hace décadas. Además, Estados Unidos le queda cerca, mientras otros grandes mercados, como China, están muy lejos y los fletes cuestan una barbaridad.

El barco hace aguas

No las tiene fácil el teniente coronel Chávez. Por eso anda tan agresivo. Y por eso es tan peligroso. Si se ve ahogado, sin dólares para cumplir con una agenda de gastos infinita en compra de armas y otras distracciones, la única salida que va a encontrar será meterse en una guerra, el expediente de los tiranuelos cuando el barco que llevan comienza a hacer agua. Y si lo hace, es importante saber que en la rifa para ver con qué vecino se mete, Colombia tiene casi todas las boletas.

mvargaslina@hotmail.com

Mauricio Vargas

http://www.eltiempo.com/

“Antes de que sea muy tarde”

El editorial del 26/05/2009 del diario nicaragüense La Prensa, analiza la arremetida en contra de la prensa libre que Hugo <”Chacumbele> Chávez y Rafael Correa profirieron el domingo en Quito y señala que Chávez acusa  a los medios de lo que es el mismo, pero les extraña esa actitud en correa a quien califican de ser un hombre ilustrado a diferencia de Chávez.

Aqui la nota completa:

Los presidentes de Venezuela y Ecuador, Hugo Chávez y Rafael Correa, arremetieron, otra vez, el domingo pasado, contra los medios de comunicación independientes y amenazaron con liquidarlos. “Cuando sea presidente de la Unasur (la Unión de Naciones Suramericanas, creada por iniciativa de los gobernantes izquierdistas de América del Sur), lo voy a plantear formalmente: crear instancias que defiendan a los ciudadanos y a los gobiernos legítimamente electos de los abusos de la prensa”, advirtió Correa.

Por su parte, Hugo Chávez aseguró que: “Cuenta Ecuador con todo el apoyo de Venezuela en su lucha interna contra este fenómeno que ya raya en la locura del fascismo, pero crudo, abierto, descarado, cínico”.

Es obvio que Hugo Chávez acusa a los medios de comunicación y a los periodistas independientes, de lo que es él mismo. Pero Rafael Correa, que es un hombre ilustrado a diferencia de Chávez, tiene que saber muy bien que el fascismo es algo absolutamente opuesto a la libertad en general, a la libertad de prensa en particular y por lo tanto al funcionamiento libre de medios de comunicación independientes. El fascismo es arrogancia política y abuso gubernamental, es retórica agresiva y propaganda ampulosa, es narcisismo y culto al gobernante, es represión contra críticos y opositores, es limitación a la libertad de expresión y de prensa o su erradicación total, es control del Estado de todo, hasta de la vida personal de los ciudadanos, es intolerancia a cualquier pensamiento que no sea el oficial del Estado, del partido y del caudillo gobernante. Fascismo, o en todo caso algo muy aproximado, es lo que los gobernantes de izquierda autoritaria están imponiendo mediante su llamada revolución socialista del siglo XXI.

Es una vieja estratagema de los dictadores, esa de alegar que son víctimas del periodismo independiente y la prensa libre. De esa manera tratan de justificar la represión contra los periodistas y la supresión de la libertad de prensa. Es la táctica de los victimarios que se presentan como víctimas. De los abusadores que dicen ser abusados. De los agresores que denuncian ser agredidos. De los represores que alegan ser reprimidos. En sus mentes anormales, Nerón es la víctima de los cristianos; Hitler el perseguido por los judíos; Somoza el asesinado por Pedro Joaquín Chamorro Cardenal. Lo presentan todo al revés, con la mayor desfachatez.

Ellos, los gobernantes autoritarios, tienen a su disposición las fuerzas armadas que usan como instrumentos represivos ; aplican las leyes como quieren y contra quienes quieren; utilizan los mecanismos fiscales y aduaneros como medios de chantaje; organizan y azuzan turbas para apalear a los ciudadanos pacíficos; politizan la justicia y judicializan la política. Sin embargo claman como si fueran las víctimas. Difaman y calumnian en sus medios de comunicación; acusan, enjuician, multan, encarcelan y vapulean a periodistas; pero se declaran perjudicados por la libertad de prensa y atacados por los medios independientes.

Pero los periodistas libres no dejan de luchar por sus derechos a la libre expresión del pensamiento y a la libertad de prensa. Este mismo fin de semana, mientras Hugo Chávez y Rafael Correa proferían, en Quito, Ecuador, sus insultos contra los medios de comunicación y amenazaban con más restricciones a la libertad de prensa, en Miami se llevaba a cabo un Foro de Libertad de Expresión y Derechos Humanos en el que participaron representantes de medios de comunicación agredidos de Venezuela y Nicaragua. Fue prácticamente una reunión de víctimas de la represión contra la libertad de prensa independiente, pero también un encuentro muy apropiado para enviarles a los gobernantes autoritarios de América Latina, el mensaje de que, mientras quede un espacio de comunicación, un medio de información, un último resquicio de libertad, allí se expresará la protesta contra el abuso de poder, la denuncia de la corrupción, la resistencia contra la dictadura.

Por cierto que el mismo domingo recién pasado, el periódico norteamericano The Washington Post, que tanto ayudó a Barack Obama a ganar la elección presidencial del año pasado, le advirtió a su Presidente que ahora que habla de diálogo con Hugo Chávez “es el momento de empezar a hablar sobre la preservación de las estaciones de televisión independiente, los líderes políticos opositores, los sindicatos y grupos de derechos humanos, antes de que sea muy tarde”.

Y hablar de Venezuela con Hugo Chávez significa hablar también de Nicaragua con Daniel Ortega. Ambos países sufren bajo el mismo autoritarismo y sus dos pueblos luchan por la misma libertad.


El laberinto de Petare

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Nuevo Alcalde Opositor, del Municipio Sucre/Caracas/Venezuela-aclamado por sus habitantes

RETRATO DE LA MISERIA EN VENEZUELA:

  1. El suburbio pobre del este de Caracas, el más grande y violento de América Latina, da la espalda a Chávez
  2. El barrio es un reflejo de la mala gestión del Gobierno venezolano
TONI CANO
CARACAS / ENVIADO ESPECIAL

Las casas de ladrillo desnudo y techo de lámina o uralita se amontonan por las colinas como millares de cajas mal apiladas. Apenas se ven las calles angostas y las escaleras medio caídas. Huele mal. Abajo avanza el río Guaire, pero sin dejar ver sus aguas, negras, de tanta basura que arrastra. En las placitas hay borrachos, indigentes, delincuentes. Las pistolas asoman de los tejanos. Otros hampones cobran peaje en las cercanías. Esto es Petare, en el este de Caracas, un barrio tan poblado como una ciudad: un millón de habitantes. Es el barrio pobre más grande y peligroso de América Latina. “Mira: pura mierda”, dice un miembro de un consejo comunal extendiendo la mano ante la sobrecogedora panorámica.
Petare era uno de los feudos del presidente, Hugo Chávez. Pero el domingo le dio la espalda a su candidato, Jesse Chacón, y un joven y rico opositor, Carlos Ocariz, se convirtió en alcalde de este municipio de Sucre, dependiente tanto de Caracas como del vecino estado de Miranda. Bajo un enorme cartel con el retrato del Che y el lema Patria, socialismo o muerte, venceremos, dos mujeres se avienen a comentar, pero en susurros, el porqué del resultado electoral del domingo. “Nos han tenido en el abandono”, dice una. “A merced de la criminalidad y la basura”, añade la otra.
Se quejan de que solo vieron al alcalde, José Rangel, durante la campaña electoral, de que regalara lavadoras cuando les falta el agua. Un vecino señala una crucecita apoyada en una pared manchada: “Hace cinco días mataron ahí a un chaval y no apareció la policía. Eso cambió mi voto, porque no han hecho nada para acabar con la violencia, y eso que Chacón fue ministro del Interior”. Otro señala: “Siempre pensé que un régimen de militares no iba a crear más que burócratas incompetentes”. La arquitecta Marianella Mora corrobora: “Son malos gestores”.
Mora fue la autora de un ambicioso proyecto, preparado a iniciativa de Chávez, para integrar los cerros de pobreza en la Gran Caracas. “Era un plan de construcción de viviendas para la clase pobre que implicaba el saneamiento del barrio, infraestructura, agua y drenajes, calles, escaleras. Estaba previsto que, en 10 años, al menos el Petare Sur se incorporara a la ciudad”, recuerda. Empezaron por la comunidad de San Blas, una de las muchas barriadas en que se subdivide Petare. Ahí están, a medio hacer, abandonadas, las que tenían que ser la plaza, la escuela, la iglesia, la clínica.

Programa de rehabilitación
A Marianella casi se le saltan las lágrimas: “En estos años, no se ha hecho sino un poquitico, apenas el 20% del programa de rehabilitación del barrio”. El Banco Mundial, que financiaba el proyecto, se retiró ante las invectivas del presidente venezolano. El dinero “se fue en corruptelas y en más casas mal construidas, como siempre”. Y, al final, “todos los proyectos acabaron en la basura”. La arquitecta irá de nuevo con ellos bajo el brazo a ver al nuevo alcalde: “Rangel no hizo nada. En cambio, este chamo (joven), Ocariz, parece muy preparado y lleva tiempo recorriendo el barrio”.
Por contra, este dédalo de callejuelas, este laberinto, ha distorsionado la percepción de Chávez. El presidente afirma que ha perdido en Sucre porque “eso está lleno de ricos”, que además son racistas, porque “tienen negros que les planchan y les hacen de chóferes”. Es cierto que Petare colinda en un extremo con un sector residencial, pero el presidente desbarra al citar varias barriadas que se caracterizan por sus altos índices de pobreza y criminalidad: “Esas zonas están llenas de clubs, donde los ricos de Petare beben aguardiente”.
Al oír el comentario, un vecino sucio y desarrapado dice con sorna: “¡Coño, chico! Ya era hora de que la oligarquía de Petare se impusiera sobre los pobres negros de esta bella urbanización”.

http://www.elperiodico.com

Peligros de la declinación de Chávez

El Mercurio, Santiago de Chile, 01/12/2008

Editorial.-

El Presidente Chávez se debilita en lo político y económico, pero insiste en su agenda. Hace un año fue rechazada su reforma constitucional que le habría permitido reelegirse indefinidamente e institucionalizar su propuesta socialista del siglo XXI. Ahora, en las elecciones regionales, la oposición sumó otras tres gobernaciones (las más pobladas), la alcaldía de Maracaibo y la alcaldía mayor de Caracas, la más importante de Venezuela. En las zonas de mayor población y vigor económico primaron el rechazo al ideologismo, el desabastecimiento, la inflación y la inseguridad, los desaciertos y abusos atribuidos al gobierno chavista.

Dados las amenazas, arbitrariedades y enorme poder del Mandatario venezolano, los progresos opositores, aunque notables, no logran por ahora disuadirlo de su agenda. Chávez, tras haberse declarado vencedor, ordenó ayer a sus aliados activar de forma inmediata una enmienda constitucional para continuar vitaliciamente en la Presidencia. Ha expresado que “¡Chávez no se va!” y que el pueblo “le ha señalado que siga por el mismo camino”, que incluye continuar con las nacionalizaciones de industrias; dilapidar la riqueza petrolera; sofocar a la prensa libre; concentrar poder en detrimento de los derechos ciudadanos y de la institucionalidad democrática; estrechar relaciones con Irán, Bielorrusia, Rusia, Cuba y regímenes semejantes; realizar masivas compras de armamento a Rusia y perseverar en su ofensiva ideológica en Latinoamérica, que contempla su apoyo al terrorismo de las FARC en Colombia. Tiene a su favor el control sin contrapesos de la Asamblea Nacional, el Poder Judicial, el Banco Central, el Consejo Nacional Electoral, las FF.AA., 17 gobernaciones, la mayoría de las alcaldías y los consejos comunales, que han restado atribuciones a las alcaldías y organizaciones elegidas democráticamente.

La organización de los opositores ha mejorado, hay renovación de los dirigentes y creciente coordinación de los grupos y partidos políticos.

Chávez deberá someterse a nuevas realidades. La oposición continuará creciendo. Ya no podrá invocar al Presidente Bush para acentuar su nacionalismo. Ha elogiado el triunfo de Obama, confiando -probablemente se equivoca- en que Washington cambiará la política frente a su gobierno. Más duro será el efecto de la caída del precio del petróleo que instrumentaliza para su beneficio político y para financiar el creciente gasto público. Por ahora puede recurrir aún a las reservas de divisas, cuyo monto es desconocido, pero limitado. Más adelante no podrá sino reducir el gasto o aumentar la inflación, que se estima en cerca del 30 por ciento anual.

La mayor inquietud es que mandatarios como Chávez, cuando se debilitan, suelen recurrir a la represión, la provocación y extrañas alianzas con gobiernos extranjeros para mantenerse en el poder.

http://blogs.elmercurio.com

Tan vencedores como vencidos

importante analisis de lo ocurrido en Venezuela el 23-n, por

M. Á. BASTENIER:

¿Es posible celebrar unas elecciones, que América Latina ha considerado cruciales, tras las que todos puedan afirmar que han ganado y no mientan? Venezuela elegía el domingo 22 gobernadores de Estados, más de 300 alcaldes, y parecido número de legisladores regionales. Pero lo más significativo eran las gobernaciones y los municipios de una docena de ciudades.

Por qué Chávez puede decir que ha ganado. El presidente venezolano tiene el poder en 18 de los 23 Estados de la nación, uno más de 17 que controlaba. Pero la aritmética pormenorizada establece que ha perdido tres y recuperado cuatro, exactamente los que tenía el chavismo disidente, a cuyos votos se atribuye la derrota del líder bolivariano en el referéndum constitucional del pasado diciembre; y, por añadidura, ha obtenido más del 70% de los votos, sumadas todas las categorías. Desde cualquier punto de vista no sectario, después de nueve años en el poder, con la mayor inflación de América Latina que las caritativas estadísticas oficiales cifran en el 27%, cuando los alimentos se han encarecido más de un 50% en 12 meses; una inseguridad ciudadana que escala hasta las 60 muertes violentas por 100.000 personas y año -en España, alrededor de dos-; y un formidable tufo de corrupción pública, ese resultado es un éxito.

El ya histórico comentario del marginado de toda la vida, verosímilmente negro, que dice que vota a Chávez porque “no quiere volver a ser invisible”, sigue respondiendo a la realidad, tras unas elecciones con un grado de irregularidad no mayor que en la mayoría de países latinoamericanos. Pero ocurre también que Chávez es su peor enemigo. Ha hecho de la palabra una forma de Gobierno, y casi siempre en detrimento de sus intereses. En la campaña electoral amenazó a la oposición con todo tipo de violencias si osaba ganar, porque así creía que estaba construyendo un clima en el que no podía escapársele la victoria; e igualmente advirtió que perder tres gobernaciones sería toda una derrota. El mesianismo tiene esas trampas, que el hombre presuntamente providencial cree que no puede perder si pone su persona en juego a cada suerte electoral. Pero Venezuela no es hoy una dictadura y el pueblo tampoco vota hipnotizado.

Por qué la oposición puede decir que ha ganado. Ocurre que, como al advenimiento de la II República española el 14 de abril de 1931, hay votos que no se cuentan sino que se pesan. El líder intelectual de la oposición, Teodoro Petkoff, dijo prudentemente que ya sería un éxito que ganaran en dos Estados por encima de los que tenían, Zulia, la ubre nacional del petróleo, y Nueva Esparta; y, además, han vencido en Miranda, Carabobo y Táchira. El primero es el más poblado, con más de seis millones y medio de los 28 millones de habitantes del país; el segundo, Carabobo, es el más industrializado; y Táchira, estratégico por su frontera con Colombia. La oposición también ha alcanzado la alcaldía mayor de Caracas, hasta ahora en manos del oficialismo. Y, asimismo, arrebatado al poder la segunda alcaldía del país, Maracaibo, capital de Zulia. En las áreas urbanas de mayor desarrollo, donde la digestión política es más elaborada, la oposición progresa a buen ritmo, hasta el punto de que gobernará en esos cinco Estados sobre casi un 45% de población. Hay, por tanto, una Venezuela con una masa crítica que afecta a la oposición; y otra, mayoritaria, mucho más de los llanos, la ruralidad y aún por despegar económicamente, que sigue creyendo en el socialismo del siglo XXI.

Y la gran pregunta es: ¿Cómo regurgitará Chávez su victoria-derrota? El presidente puede esperar hasta el fin de su mandato en 2012 para celebrar un segundo referéndum, que le conceda un poder virtualmente absoluto y fácilmente prorrogable, como ha dicho, hasta 2023, aniversario de la victoria de Carabobo sobre los españoles. La evolución del chavismo disidente, que ha quedado claro en estas elecciones que como fuerza independiente puede hacer daño pero no ser decisivo, debería contar para frustrar ese proyecto. Amalgamado a la oposición como tercera fuerza, puede llegar a ser imponente, pero como bandería provincial no tiene futuro. Pero quién sabe si ésta es la oportunidad para que el presidente se calme y deje de odiar el silencio, enfrentado a Barack Obama y no ya a su particular muñeco de pim-pam-pum, el presidente estadounidense George Bush. Una elección en la que todos han sido vencedores, y también derrotados, podría ser momento para la reflexión.

http://www.elpais.com

Chávez, o el mal circo

Fernando Londoño / El Pais / Cali

Fernando Londoño Hoyos, el Ex Ministro del Interior y justicia del gobierno de Álvaro Uribe, ha analizado las actuaciones del presidente venezolano H. Chávez en cada oportunidad su conducta ha resaltado por la particularidad de su proceder. En la columna de esta semana publicado en el diario de Cali, El país, señala que las ultimas actuaciones del teniente coronel divierten al publico del circo porque no deja tener la extraña gracia de lo grotesco. Vamos a darle un vistazo que bien vale la pena:

Si no fuera tan peligroso, el coronel, comandante y paracaidista Hugo Chávez tendría algo de simpático. Hay circos que divierten por su calidad. Y otros que divierten de puro ridículos. El payaso que anticipa el chiste, el mago que no puede ocultar el truco, el trapecista que termina salvado por la malla, no dejan de tener gracia. La extraña gracia de lo grotesco. Así es Chávez y si no fuera porque en esos desvaríos está jugando con tantas vidas, valdría la pena seguir presenciando sus maromas

Chávez comete todos los errores, viola todos los códigos de conducta, desafía todos los poderes. Pero no se sabe cuándo ni cuánto daño hará antes de la descalabrada ineluctable.

El tiranuelo de Venezuela se puso de bufanda el principio de la no intervención en el Derecho Interamericano. Aún nadie se lo cobra, porque a otros parece divertido seguir el ejemplo. Ha roto las reglas del buen trato entre naciones. No hay vulgaridad que se le escape, insulto que ahorre, desplante que le falte. Unos lo perdonan por miedo, la mayoría por interés y los más poderosos por condescendencia.

Chávez tiembla por los computadores que Colombia guarda con inexplicable alcahuetería. Y mantiene agitado el circo para que nadie los recuerde. Le teme al día en que le corten cuentas por su tolerancia con el narcotráfico. Por eso ataca al imperio antes de que éste lo llame a responder por ese desafuero y antes de que el pueblo venezolano descubra que por esa complacencia se baña en sangre. Sabe que no saldrá airoso del primer arqueo de caja que se le practique sobre los ingresos petroleros que ha malbaratado, robado, regalado. Le huye al día en que le pregunten para qué le ha servido a Venezuela tanta expropiación de su riqueza productiva. En sus pesadillas tiene que presentir la cercanía de una catástrofe. Con posponerla le basta.

Ahora lo espantan las elecciones regionales, que tiene la seguridad de perder, por mal concertada que ande la oposición. Y duda del remedio que pudo usar en otras, el fraude descarado. Pero no se siente capaz de engañar tanto, en tantos sitios. Por eso está dispuesto a multiplicar las peripecias circenses para cancelar esas elecciones. De modo que hace alianza con Evo Morales y con el majadero de Honduras para desafiar a Estados Unidos, y para completar el número invita a Rusia a que venga al Caribe para besarle las barbas al Tío Sam. Hay cálculos en los que no conviene errar. Por ejemplo, en aquello de molestar a un gigante sin despertarlo. Los japoneses lo supieron, aunque tarde, con Pearl Harbor. Y en este caso, también Rusia se puede llevar un disgusto. Para ella será cosa de hacer retornar los buques, como lo hizo Nikita Kruschev. Chávez no tiene puerto de retorno.

Como admite que puede no ser suficiente la crisis internacional, la monta en la parroquia. Y se inventa conspiraciones, para aplastar la parte de las Fuerzas Militares que no le gusta, y la de la prensa y la oposición que detesta. Suponer que Alberto Ravel, el director de Globovisión, quiera matarlo, es una fanfarronada. Pero puede ser más que una advertencia. Un tirano amenazado de elecciones es una fiera fuera de la jaula. La emprende contra cualquiera, y antes de ser reducida lanza zarpazos iracundos. Chávez no sólo juega al payaso sin gracia, al maromero sin talento, al ilusionista sin poder de convicción. Ahora hace de bestia herida. Es tiempo de levantar la carpa. El circo debe terminar.